Historia del PRI en Jalisco

JALISCO ANTES DEL PNR

Consecuente con la realidad política imperante en el país después del triunfo de las fuerzas revolucionarias y a sus proclamas se habían incorporado en el constituyente de 1917. Jalisco se venía enfrentando a un sinnúmero de grupúsculos o agrupaciones denominados clubes políticos, en cuyo sentido político se les concebía como partidos políticos carentes de esto, pues no ostentaban una estructura que los identificara como tales, más bien eran formaciones sociales nacidas en los diferentes municipios de estado, al calor y la pasión de determinado grupo político o corriente.

Con la sucesión presidencial de 1920 el país se estremece ante la persistencia de Venustiano Carranza quien trataba de imponer como su sucesor al grisáseo político Ignacio Bonillas. Ante esta situación, Jalisco no fue indiferente y mostró su simpatía por el caudillo invicto Álvaro Obregón; por esta circunstancia, en 1919 se forma el Partido Liberal Jalisciense dirigido por el ingeniero Alberto J. Pani destacándose como miembros prominentes José Guadalupe Zuno, Manuel Hernández Galván y otros; estas figuras después destacarían en el escenario de la vida política del estado; este mismo partido posteriormente se convierte en soporte fundamental de la gran confederación de Partidos Revolucionarios de Jalisco; sería el intento firme de agrupar y consolidar las fuerzas revolucionarias del estado y a las principales corrientes de la lucha social.

Esta entidad había encontrado simpatía en el general Obregón, se suma por tal circunstancia a su candidatura el Partido Liberal Obreros de Jalisco, de Francisco Labastida Izquierdo, y lo mismo hizo el Partido Laborista, dirigido principalmente por Humberto García y Luis C. Medina.
La candidatura de Ignacio Bonilla era apoyada especialmente por los liderazgos, de fuerte presión de los trabajadores, encabezados por Esteban Loera, Manuel M. Diéguez, Ramón Castellanos, quienes agrupados en el Partido de Obreros Radicales, mantuvieron siempre su apoyo al presidente Carranza, pues Bonilla era la figura apoyada por éste.

Con el triunfo de Agua Prieta se consolida el poderío de las fuerzas que apoyaban al general Obregón, produciéndose como consecuencia el debilitamiento de la corriente carrancista y surge la figura de Basilio Vadillo como candidato a la gubernatura del estado; contaba con el apoyo de los principales grupos revolucionarios, los cuales lo llevaron al poder el 1 de marzo de 1921.

En esta época se da el intento por hegemonizar, en torno a un proyecto único, a los revolucionarios que se encontraban levantando la bandera de Obregón, a través de la gran Confederación de Partidos Revolucionarios de Jalisco, la cual primero lleva al poder a Basilio Vadillo para luego oponerse y apoyar la candidatura de José G. Zuno al gobierno del estado; llega al poder en marzo de 1923.
Aprovechando el momento político que se vivía, la gran Confederación de Partidos Revolucionarios logró extender su fuerza atrayendo a organizaciones políticas como el Partido Liberal Jalisciense, el Laborista y hasta el liberal Obreros de Jalisco; incluso, motivó hasta a aquellos opuestos al proyecto obregonista, como el Partido Liberal Obreros Radicales y otros grupos oposicionistas, pero que no dejaban de ser revolucionarios, como el Partido Liberal Cooperativista, el Partido Socialista de Occidente; así mismo había podido atraer a la juventud revolucionaria de Jalisco en la cual destacaba como líder Carlos Rivera Castrejón; de igual forma logró convencer a algunos movimientos de tendencia incipientemente urbana, con base en la ciudad de Guadalajara.

Apenas iniciado el gobierno del licenciado José Guadalupe Zuno Hernández, llegaba a su final el gobierno fuerte y de concertación de Álvaro Obregón, lo cual a la sucesión presidencial de 1924 provocó una gran movilización y hasta dispersión de los grupos políticos del estado; los aspirantes a la primera magistratura eran el astuto y discreto general Plutarco Elías Calles quien contaba con el apoyo del Partido Laborista Mexicano órgano político de la entonces poderosa Confederación Regional de Obreros Mexicanos que dirigía Luis N. Morones; también contó con el apoyo de organismos campesinos como la Liga Nacional Campesina y fundamentalmente tenía la simpatía del presidente Obregón; su opositor más fuerte era Adolfo de la Huerta, quien era apoyado por el Partido Nacional Cooperativista y algunos sectores políticos y del Ejército.

La lucha por la sucesión se dio entre los generales Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta; éste se levanta en armas desconociendo a Obregón, movimiento que tuvo fuertes impactos en la vida política del estado de Jalisco, pues el general Enrique Estrada, jefe de las operaciones militares en este estado secundó a De la Huerta y desconoce al presidente Obregón, el 7 de diciembre de 1923, y lo mismo hace con el gobernador Zuno, quien como gobernante se había inclinado por la pre­ candidatura del general Plutarco Elías Calles, por medio de la Confederación de Partidos Revolucionarios de Jalisco; por tal circunstancia se desató una fuerte persecución contra los dirigentes y miembros de este agrupamiento político.

A mediados de 1924, el movimiento rebelde del general Estrada es pacificado y el 11 de febrero de ese mismo año José G. Zuno asumió la gubernatura del estado; pero, no obstante la vuelta al poder de este gobernante fue imposible consolidar el sueño acariciado de los revolucionarios de Jalisco de agruparse y unificarse en torno a un proyecto político, ya que en aquel entonces era imposible, porque las heridas y ambiciones de las diferentes facciones aunado a la falta de madurez y sensatez de los principales líderes, hizo imposible esta aspiración que de haberse obtenido otro hubiera sido el rumbo tomado por la azarosa década de los años 20 en Jalisco.

Estos movimientos divisionistas y de enfrentamientos agrietaron y crearon conflictos estériles entre las diferentes fuerzas políticas actuantes en el estado repercutieron en la estabilidad del gobierno del gobernador Zuno quien fue agredido a través de la CROM, dirigida por Luis N. Morones por medio de su brazo político el Partido Laborista; logró retirarle el apoyo a la administración zunista, mientras en el escenario nacional se daba un alejamiento entre las relaciones del presidente Calles y del general Obregón, enfrentamiento que fue radicalizándose y, como consecuencia, repercutiendo por parte de elementos callistas que trataban de desconocer al gobernador Zuno. Todos estos hechos provocaron la división del intento de unificación política jalisciense de la gran Confederación de Partidos Revolucionarios de Jalisco; esta organización estaba integrada por diferentes facciones las cuales hicieron sentir su peso en ese momento de la historia del estado. En estos acontecimientos de lucha contra el gobierno zunista se destacaron Enrique Díaz de León y Victoriano Salado, generándose con esto una fuerte desbandada de miembros prominentes de esta organización política, para atacar al gobernador José G. Zuno.

Ante las fuertes presiones enfrentadas por el gobierno, Zuno entendiendo que el clima político le era adverso el 23 de Marzo de 1926 pide licencia, adelantándose con esto al dictamen emitido por la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.
Con esto se impidió una posible flagrante violación a la soberanía del estado, cuestión reconocida al gobernador saliente. El presidente Calles empieza a aglutinar y a unificar su poderío político; para esto utiliza la figura del controvertido político potosino Gonzalo N. Santos, quien se había destacado en una lucha cerrada contra Zuno para hacerlo salir del Gobierno de Jalisco. Este mismo personaje se da a la tarea de constituir el 5 de mayo de 1926, la alianza de partidos socialistas de la república; el objetivo era unificar a todas las fuerzas políticas identificadas con el bloque socialista parlamentario, a fin al programa callista; por Jalisco participaron en la integración de este nuevo agrupamiento político Juan de Dios Robledo, Rodrigo Camacho fuentes, quien después sería el primer presidente del PNR en Jalisco; Manuel Vidrio Guerra, Gustavo R. Cristo y Napoleón Orozco, entre otros.
En la Alianza de Partidos Socialistas de la República participaron por Jalisco 47 clubes y partidos en los cuales destacaban principalmente el Partido Laborista Jalisciense, el Laborista de Occidente, el Revolucionario Jalisciense, el Juventud Revolucionaria de Jalisco y otros agrupamientos políticos. Estas organizaciones posteriormente constituyeron, en la entidad, la Alianza de Partidos Socialistas de Occidente, dirigida por el diputado Alfredo Romo.

En 1926 al acercarse las elecciones gubernamentales, los ánimos políticos empiezan a encenderse; y como derivado de los enfrentamientos entre las diferentes corrientes conformantes del escenario político jalisciense, se producen fuertes enfrentamientos entre Alfredo Romo, candidato a gobernador por la Alianza de Partidos Socialistas, y José María Cuellar, aspirante por la desarticulada y enfrentada Gran Confederación la cual contaba con el apoyo de la corriente zunista y fuertes sectores populares de la población.
En este acontecer aparece un tercer candidato con poca fuerza y presencia: el licenciado Daniel Benítez, quien contaba con la simpatía de los grupos jóvenes emergidos en la política; posteriormente tendrían una fuerte presencia nacional, en donde cabe señalar a Agustín Yáñez, y a Jesús González Gallo; este aspirante a la gubernatura se dio a la tarea de constituir la denominada Unión de Partidos Revolucionarios Jaliscienses, constituida con poca fuerza; pero, si en su trinchera de lucha política, esta agrupación estaba formada por 131 clubes para los partidarios eran considerados como partidos políticos entre las organizaciones políticas más significadas por su adhesión estaban el Partido Democrático Revolucionario de Ramón Castellanos, y una serie de grupúsculos minoritarios llamados Partidos con el agregado de "Daniel Benítez".

A la celebración de las elecciones, el triunfador fue José María Cuellar; pero no pudo asumir el poder por una acusación criminal de un asesinato el cual le adjudicaron y lo inhabilitó políticamente, aunque a quien le correspondía tomar el poder era a Alfredo Romo, por haber obtenido el segundo lugar; sin embargo, sorprendentemente asume la gubernatura Daniel Benítez; por dos factores determinantes: primero, porque respondía a la política centralizada del Gobierno Federal y segundo, por salvaguardar la soberanía estatal. Finalmente, superada parte de las controversias y las disputas dadas entre los diferentes grupos a Benítez se le inviste como el gobernador electo.
La Alianza de Partidos Socialistas de la República comienza a entrar en crisis y, como consecuencia, el bloque socialista parlamentario había sido la fuerza mayoritaria en el Congreso de la Unión- fue paulatinamente abandonado por sus integrantes los cuales pasan a formar la coalición revolucionaria. Intervienen apasionadamente para evitar su desmembramiento Gonzalo N. Santos y Alejandro Romo; al no poderlo evitar, Santos renuncia a la presidencia de la alianza, Romo se adhiere a la naciente agrupación parlamentaria; y por último el 17 de febrero de 1927, la Alianza se disuelve y termina así ese intento unificador de corrientes y partidos (denominándose socialistas, se agruparon bajo la dirección de Gonzalo N. Santos, un poderoso terrateniente de San Luis Potosí).

Mientras, en Jalisco, el intento del gobernador Daniel Benítez por unificar las corrientes revolucionarias se diluye lográndose la conjugación, pero en contra de él, como consecuencia del incumplimiento de sus compromisos adquiridos con los principales grupos cuelleristas y romistas; esa situación se fue agravando hasta ser desconocido por el Congreso del Estado. El 22 de abril de 1927 se designa gobernador interino a Margarito Ramírez Miranda. Este elemento revolucionario obregonista a ultranza le había salvado la vida al general Obregón logra inteligentemente unificar romistas y cuelleristas a su proyecto de gobierno; con esto parecían haberse superado los enfrentamientos entre esos grupos (habían hecho imposible la unificación de los revolucionarios de Jalisco).
En tanto, en el panorama político nacional se fraguaba silenciosamente la reelección del invicto general Álvaro Obregón; mas cuando por ese objetivo se habían modificado los artículos 82 y 83 de la Constitución de México, la situación política vislumbrada políticamente en el país era de tormentas. Ante este intento rápidamente el Partido Nacional Anti-reeleccionista lanza como su candidato al jefe de operaciones militares en Veracruz, Arnulfo R. Gómez; y el gobernador del Distrito Federal, Francisco R. Serrano, es postulado a la sucesión presidencial por el incipiente Partido Nacional Revolucionario.

Era lógico de esperar que en Jalisco el gobernador Margarito Ramírez Miranda apoyara la candidatura del general Obregón, en ese intento de reelección. Para ello el gobernante jalisciense se da a la tarea de constituir, el 18 de agosto de 1927, el Gran Partido Revolucionario de Jalisco: las principales fuerzas políticas estaban unificadas y habían dado término a la escaramuza de lucha política de tanto desgaste ocasionado al estado. Fue sorprendente cómo, en torno al programa de este naciente partido, se adhieren los 26 partidos más importantes de la entidad. Esto significaba el intento más serio por darle fin a los enfrentamientos y disputas de poder, protagonizadas por los diferentes grupos políticos en más de una década. Para darle forma y contenido fue designado presidente del Gran Partido Revolucionario de Jalisco, el diputado Victoriano Salado, quien al muy poco tiempo fue substituido por el extraordinario político jalisciense Silvano Barba González.
La constitución del Gran Partido Revolucionario de Jalisco fue el antecedente propiciador de las condiciones objetivas para, en Jalisco, formalizar posteriormente el Partido Nacional Revolucionario. Sin esto, se hubiera dificultado más la unificación de los revolucionarios de Jalisco en torno al PNR

CONSTITUCION E INTEGRACION
DEL PARTIDO NACIONAL REVOLUCIONARIO

El intento de reelección se desvanece cuando el general Álvaro Obregón es asesinado brutalmente por el fanático religioso José León Toral. Los que fueron sus fuertes contrincantes, y aspirantes en su movimiento, no contaron con fuerte apoyo popular y otros fueron eliminados asesinándolos; ello propició un campo fértil para surgir la institucionalidad de la Revolución Mexicana, y el advenimiento del estado moderno de derecho que vivimos.
A la muerte del último dirigente revolucionario con la fuerza para mantenerla unidad de las fuerzas revolucionarias, se exigía fortalecer al estado y a sus instituciones. Esta necesidad no solamente era de tipo político, sino también demandaba la transformación de las relaciones de producción; donde, la falta de una sociedad impulsora, emergiera el estado como gran protagonista del desarrollo económico y social; y, además con esto, propiciar se hicieran realidad las grandes demandas sociales (exigidas en la revolución a costa del derramamiento de sangre y plasmadas en el constituyente de 1917). Estos eran particularmente los grandes retos a los cuales el país se enfrentaba en ese tiempo.

Con gran visión el presidente Plutarco Elías Calles lo entendió y lo comprendió, propiciando ese gran parto político generador del nacimiento de las instituciones y el derecho frente a las ambiciones de poder personal. Esto no fue fácil, hubo de hacer frente a una serie de obstáculos, los cuales con imagina­ ción y talento político, se fueron dominando. A esto se impuso la soberanía de los estados; los caciques y liderazgos iluminados, surgidos al fragor de la lucha revolucionaria, se disciplinaron o se alejaron para no estorbar a la formación del nacimiento del nuevo Estado.

El presidente Calles comprendió que, para lograr cristalizar los ideales del nuevo Estado, era imprescindible, también, actualizarlo políticamente, unificando las diferentes corrientes revolucionarias, que estando dispersas y enfrentadas, exponían el proyecto de la Revolución mexicana al fracaso; además, frente a las ambiciones e intereses de caudillos o caciques estaba el interés nacional y el destino de la Revolución mexicana. Se llegó a una conclusión: lo único para lograr esto era la formación de un partido político aglutinador y unificador de todos los mexicanos; se borrará para siempre la zozobra de golpes de estado, asonadas o rebeliones y se diera paz y libertad al país para su desarrollo.
Es memorable el último informe del presidente Calles, el 1 de septiembre de 1982, porque el pueblo mexicano, ante ese momento histórico vivido, esperaba con ansiedad, cuál era el rumbo a dar al país ante los hechos acontecidos, el cual se conoció al pronunciar el general Calles lo siguiente:
Se enfrenta México a una situación en la que la nota dominante es la . falta de caudillos, esto nos debe permitir orientar definitivamente la política del país por rumbos de una verdadera vida institucional, procurando pasar de una vez por todas de la condición histórica de país de un hombre a la de nación de instituciones.

En estas palabras, y en todo lo que fue el texto de su trascendental mensaje político, se podía ver que el general Calles había entendido que para que México se incorporara al nuevo contexto de nación civilizada, era necesario terminar con la figura casi mística de los caudillos, por tanto tiempo adueñados del poder, y su existencia era un obstáculo para impulsar el progreso de la nación. Calles era un estadista de gran dimensión; un político de extraordinario talento, y un hombre humano y sensible; entendió que sobre los apetitos de poder, están los intereses superiores del pueblo, los de la patria; así dio paso y cauce para el gran parto de las instituciones en este país.
Para ratificar el llamado, solicitud del general Plutarco Elías Calles, el 30 de noviembre de 1928 interinamente se hace cargo del Poder Ejecutivo el licenciado Emilio Portes Gil; hace un llamado a la constitución de verdaderos y auténticos partidos políticos. El día 1 de diciembre del mismo año, el general Calles lanza la convocatoria para la constitución del Partido Nacional Revolucionario. En dicha citase manifiesta el interés para que agrupaciones, partidos y grupos revolucionarios se constituyan en un solo partido de carácter nacional y permanente; aquí mismo se proclamaba la necesidad de la institucionalización del proceso revolucionario. Además, señalaba lo muy hablado hasta entonces: la lamentable carencia de hombres fuertes para conducir a la nación por un destino más próspero; el país necesitaba del análisis de los programas y proyectos entre partidos y no entre individuos, y se pronunciaba por la conquista de la voluntad ciudadana a través de procedimientos electorales claros y cristalinos; por medio de las urnas lograr la voluntad del pueblo para así éste respalde legalmente a los gobiernos surgidos de los procesos electorales.

Este documento, para muchos en aquella época era uno de tantos intentos por aglutinar a las fuerzas revolucionarias, lo suscribían Plutarco Elías Calles, presidente del comité organi­ zador; el jalisciense Basilio Vadillo, Luis León, Aarón Sáinz, Manlio Favio Altamirano, Bartolomé García Correa y David Orozco; era el comité organizador, y el surgimiento del más serio intento por agrupar a los diferentes grupos revolucionarios enfrentados radicalmente por la conquista del poder, poniendo en peligro el proyecto de la Revolución mexicana. El escenario donde se convocaba a todos los caudillos revolucionarios fue la ciudad de Querétaro; por considerarla ciudad de recia tradición histórica en donde antes se había definido el rumbo de la nación. La fecha eran los días 1, 2, 3 y 4 de marzo de 1929. Ahí, después de muy fuertes discusiones y análisis para definir el contenido ideológico del partido, el adoptado fue el de la Revolución mexicana, así corno su sustento estatutario; ya en aquel entonces originó acaloradas polémicas sobre cuáles iban a ser los sistemas de elección de dirigentes y candidatos.

Todo transcurría viento en popa, cuando el general Plutarco Elías Calles se vio obligado a renunciar del comité organizador y constitutivo del PNR por el incidente producido cuando el poderoso líder de la CROM, Luis N. Morones, arremete violentamente contra el presidente Emilio Portes Gil. Aunque Calles se retira de la palestra formal del comité organizador del PNR, realmente él fue quien tras bambalinas coordinó, dirigió y convenció a los dirigentes revolucionarios para sumarse al proyecto del nuevo partido, nacido para unificar a los revolucio narios de México.

A la salida de Calles, el comité organizador del PNR quedó de la siguiente manera: presidente, general Manuel Pérez Treviño; secretario general, ingeniero Luis L. León; secretarios de organización, senador Bartolomé García Correa y diputado David Orozco; secretario del interior, profesor Basilio Vadillo; secretario de propaganda, senador Manlio Favio Altamirano Mientras todo esto sucedía; en el convulsivo acontecer nacional, como consecuencia de esto, el interior del país también era receptivo a lo dado en el país y por tanto, Jalisco no era inmune. El gran Partido Revolucionario de Jalisco seguía manteniendo unificados a los principales grupos políticos; veía y aceptaba con beneplácito la iniciativa del general Calles. Inmediatamente se adhiere al comité organizador del nuevo partido. Es importante señalar: aunque el Partido Revolucionario era el instrumento de unidad mayoritaria, como consecuencia de las elecciones locales de 1928, se generó un pequeño divisionismo produciéndose la instalación de 3 legislaturas locales: la reconocida como oficial dirigida por Silvano Vargas González, respondía a la corriente del Partido Revolucionario de Jalisco; la segunda, respondía a la llamada Federación de Partidos Socialistas de Jalisco, liderada por Esteban Loera, Heliodoro Hernández Loza, Ruperto García, Justo González, todos ellos líderes obreros (en esta línea participa fuertemente el licenciado Carlos Rivera Castrejón), y la tercera, la Liga de Partidos Revolucionarios Jaliscienses. No obstante estas separaciones, todos aceptaban con simpatía el próximo alumbramiento del Partido Nacional Revolucionario, pues veían en él, la posibilidad y la alternativa de la unificación de una vez por todas de los diferentes grupos protagonistas de la Revolución mexicana; algunas se sentían herederas o usufructuarias del poder revolucionario.
En el comité organizador del Partido Nacional Revolucionario figuró, como secretario de organización, el jalisciense David Orozco, quien posteriormente fue el encargado de impulsar y nombrar el primer comité ejecutivo del PNR en Jalisco: presidente, diputado Rodrigo Camacho Cafuentes; vicepresidente, licenciado Esteban García de Alba; secretario, diputado Manuel Hernández y Hernández; subsecretario, dipu­ tado Napoleón Orozco, y tesorero, José V. Gómez Cano.

Tal y como se había programado el, 1 de marzo de 1929, en el Teatro de la República de la ciudad de Querétaro, con la asistencia de 835 delegados provenientes de todo el país y ante el notario Luis Díaz, se inician los trabajos del Partido Nacional Revolucionario. Por Jalisco participa una de las delegaciones más numerosas integrada por sus dos senadores, los 14 diputados federales y 6 diputados locales representantes de los 15 que constituían el congreso local; lo mismo hicieron 13 representantes de los partidos políticos jaliscienses más destacados, todo conforme a lo que señalaba la convocatoria: un delegado por cada diez mil habitantes o fracción mayor de cinco mil. Entre las figuras políticas más destacadas, asistentes a este histórico y trascendental evento, estuvieron David Orozco, Silvano Barba González, Esteban Soto Ruiz, David S. López, Rodrigo Camacho Cafuentes, Francisco Labastida Izquierdo, Juan B. Izabal, Manuel Hernández y Hernández, todos diputados; y los senadores Juan de Dios Robledo y José María Cuéllar.
Fueron cuatro días de intensa discusión; pero, no obstante, había un común denominador que los identificaba, el proyecto de la Revolución mexicana. Todo giraba sobre esto y así fueron aprobados los estatutos, programa de acción, la declaración de principios en este mismo documento del naciente partido. Ante el riesgo de polarización y del antagonismo, existente entre algunos grupos revolucionarios, se firmó el pacto de unión y solidaridad revolucionaria, firmado y ratificado por las diferentes organizaciones adherentes al nuevo Partido Nacional Revolucionario.

En una de sus partes constitutivas más sobresalientes se definía el carácter y el fin del partido, al señalar:
El Partido Nacional Revolucionario fundado por las mayorías proletarias de la nación tiene por objeto mantener de modo perma nente y por medio de la acción política, social y administrativa de los elementos revolucionarios del país una disciplina del sostén del orden legal y definir y depurar cada día más la doctrina de la revolución, así como realizar y consolidar las conquistas del este.
En este pensamiento se encierra el gran compromiso con el cual nacía este partido: los desposeídos y cómo además se pronunciaba por depurar y adecuar el perfeccionamiento de la doctrina revolucionaria; finalmente, se comprometía a avanzar y no retroceder en las conquistas revolucionarias.

En esta misma asamblea constitutiva el PNR se postuló, ya practicando el tapadismo, el ingeniero Pascual Ortiz Rubio, lo que provocó desavenencias e inconformidades por esta determinación, pues era un oscuro y no destacado miembro de los grupos revolucionarios del país. Por esta causa la delega­ ción de Jalisco hubo de retirarse de la convención, principalmente porque los jaliscienses eran proclives ala línea inclinada por Aarón Sáinz; pero, este incidente fue superado ante otro de mayor envergadura: cuando se estaban concluyendo los trabajos de la convención, estalló la rebelión encabezada por el general Gonzalo Escobar, quien exigía de todos los grupos revolucionarios pertenecientes al PNR, lo combatieran y se diera la unificación en torno al presidente Portes Gil y al candidato Pascual Ortiz Rubio (esto último permitió que se superaran todas las inconformidades).

El 4 de marzo de 1929 marca la fecha constitutiva del partido Nacional Revolucionario; también se integra la primera dirección nacional, donde participaba un representante por cada delegación estatal. Por Jalisco, el diputado David Orozco. Su primera directiva: presidente, Manuel Pérez Treviño; secretario general, Luis L. León; secretario tesorero, David Orozco; secretario de actas, Bartolomé García Correa; secretario de prensa, Melchor Ortega; secretario del exterior, Filiberto Gómez; secretario encargado de DF, Gonzalo N. Santos.
Así, el Partido Nacional Revolucionario abre el cauce y el espacio para, los grupos y corrientes de la Revolución, desarrollarse y aportar lo mejor al bienestar de la nación. Era, además, el gran instrumento político unificador; la vía para tener una alternativa de ascender al poder de todos los participantes en la lucha revolucionaria, y en la diversidad plasmar programas e ideas para hacer praxis. El partido, de 1929 a 1933, vive tiempos de adaptación, de reagrupamiento y de alianzas entre las diferentes fuerzas revolucionarias y caudillos, los cuales controlaban políticamente al país; muchas veces pusieron en peligro la consolidación del reciente partido el cual vendría a dar el más largo período de paz social al país; fue hasta 1933 cuando, considerado ya el momento de haber superado las indisciplinas y haber logrado las adhesiones políticas, se determinó disolver a los partidos y organismos con vida dentro del cuerpo político del PNR, acordándose su funcionamiento con la estructura vertical y horizontal del Partido Nacional Revolucionario.

En Jalisco la dirigencia del PNR estaba conducida por su primer dirigente, el diputado J. Rodrigo Camacho Cafuentes, quien había podido lograr la unificación de las principales fuerzas revolucionarias adheridas al Gran Partido Revolucionario de Jalisco, y en esas circunstancias los penerristas se aprestaban a impulsar la campaña presidencial del ingeniero Pascual Ortiz Rubio; no obstante, mínimas inconformidades de algunos pequeños grupos, todos se unificaron para apoyar la candidatura de Ortiz Rubio, entendiendo ya entonces la disciplina a guardar en el partido; y se olvidan de las simpatías tenidas para con Aarón Sáinz.
El PNR empieza a extender sus estructuras al territorio jalisciense, para lo cual forma su primer comité municipal en la ciudad de Guadalajara. Como presidente, Luis V. García; vice presidente, Manuel Vidrio Guerra; secretarios, Elio I. Morales y Antonio Romero Montero, y tesorero, Ruperto García.

Las elecciones de 1929 pusieron en experimento y en práctica la fuerza política del Partido Nacional Revolucionario, pues el candidato penerrista Ortiz Rubio se enfrentaba principalmente al intelectual y carismático José Vasconcelos. El proceso electoral no fue fácil; finalmente, triunfa el candidato del PNR por una amplia mayoría, la cual pone de manifiesto la fortaleza alcanzada. Este partido desdijo las afirmaciones de quienes aseguraban que el abanderado penerrista fue derrotado.
La dirigencia del PNR sufre un cambio. Sale el diputado Rodrigo Camacho Cafuentes con el fin de fortalecer la campaña presidencial, y entran el diputado David Orozco, como presidente; y Sebastián Allende, como secretario.
A la toma de posesión, como Presidente de la República, el ingeniero Ortiz Rubio invita a colaborar al general Manuel Pérez Treviño; se ve obligado a dejar la dirección nacional del PNR, y lo substituye el exgobernador jalisciense Basilio Vadillo, quien (este último había colaborado con destacados aportes ideológicos a la formación del PNR) toma posesión como presidente el día 10 de marzo de 1930, y colabora con él el jalisciense David Orozco.

El licenciado Emilio Portes Gil substituyó, en la dirigencia nacional del PNR, al profesor Basilio Vadillo el 22 de abril de 1930; sufre renovaciones de miembros la dirección estatal del partido en Jalisco: se le ratificó nuevamente como presidente a David Orozco; quedaron vicepresidente, Sebastián Allende; secretarios, Carlos Preciado y Pascual Alejandro; como tesorero, Luis F. Ibarra, y oficial mayor, Antonio Romero Montero. Estos cambios se dieron a consecuencia de los reacomodos y ordenamientos pronunciados por la variación de presidente nacional del PNR.

El centralismo empezaba a imponerse: dictó determinacio­ nes violatorias de la soberanía de los estados. Así fue demostrado el 7 de agosto de 1929 al declarar, el Congreso de la Unión, desaparecidos los poderes en el estado (destituyen al goberna­ dor Margarito Ramírez). Esta destitución se debió alas disputas generadas como consecuencia de la sucesión gubernamental en Jalisco, donde el centro hizo presente su fuerza al imponer como candidato al coronel Ignacio de la Mora (por medio de la presión ejercida por el coronel Eduardo Hernández Cházaro, secretario particular del presidente Pascual Ortiz Rubio). Este hecho conmocionó a grandes sectores de la clase política jalisciense; de ahí, la manifestación de protesta realizada por los senadores Juan de Dios Robledo y Antonio Valadez Ramírez; la renuncia del gobernador Ramírez Miranda, quien es substituido por José María Cuéllar, con carácter de interino.
En alarde de prepotencia, el coronel Ignacio de la Mora se hace cargo del gobierno del estado el 28 de febrero de 1931, invitando a colaborar a individuos provenientes de otras partes de la república e ignorando a los grupos políticos jaliscienses; tanta fue su indiferencia o desprecio por lo establecido en la entidad, que creó, incluso, el partido llamado "Ignacio de La Mora", con el fin declarado de restarle fuerza al PNR, al cual consideró pronto desaparecería.
Los acontecimientos sucedidos por la conducta política del coronel De la Mora, hicieron sismo en un enfrentamiento armado entre los diputados jaliscienses y los seguidores del gobernante. En estos hechos violentos muere el diputado Manuel H. Ruiz y fueron heridos los diputados Esteban García de Alba y Sebastián Allende.

Con motivo de los hechos sangrientos ya enunciados, los diferentes grupos y corrientes del PNR crearon la Unión de Partidos pro unificación y depuración del Partido Nacional Revolucionario en Jalisco, para lo cual determinaron formar un c omité directivo presidido por el diputado Manuel Hernández y Hernández; además, participaban el maestro Enrique Díaz de León, Filiberto Cuéllar, Valentín Vidrio, Justo González, Carlos Rivera Castrejón y otros muchos destacados jaliscienses. Mostraban su interés por darle causa y rumbo al PNR ante las agresiones vividas y enfrentadas el gobernador De la Mora.

El comité municipal del PNR de Guadalajara lanza un manifiesto en el cual condena la política del gobernador De la Mora. Tantas fueron las presiones de las fuerzas del PNR que De la Mora terminó alejándose del poder el 11 de septiembre de 1931, con una imagen deteriorada, odiado y repudiado. Ante este vacío de poder, el senador Juan de Dios Robledo se hace cargo del gobierno de Jalisco; procede inmediatamente a la designación del nuevo comité estatal del PNR, desconociendo al presidido por Esteban García de Alba, quien era partidiario De la Mora. Esta dirigencia tuvo como vicepresidente a Luis F. Ibarra; secretarios, el diputado David Orozco y José Manuel Chávez; Manuel Hernández y Hernández, y José G. Mata, secretarios, y José de Jesús Cuéllar, tesorero.
Con estos hechos, superados por los revolucionarios de Jalisco, el Partido Nacional Revolucionario cumplió una de sus etapas más difíciles, y logra su consolidación gracias a la férrea voluntad del pueblo j alisciense anhelante de la unidad y la paz.

TRANSFORMACION DEL PNR
EN PARTIDO DE LA REVOLUCION MEXICANA EN JALISCO

El poderío político que ejerció, durante el maximato, el general Plutarco Elías Calles y por consecuencia, los cambios constantes de los tres presidentes de la República (a cada uno le correspondió un período de 2 años), detuvieron los progra­ mas sociales de la revolución (reparto de tierras, educación y otros). Así mismo, los gremios obreros se vieron modificados en la acción política. Por esta parálisis de desarrollo social, se generó un fuerte descontento en las masas el cual creó invasiones de tierras; y los trabajadores, en su intento de obtener más conquistas sociales, fueron atacados violentamente, hasta aquellos adeptos al gobierno. Esta situación orilló a los diferentes grupos revolucionarios a manifestar su descontento pugnando porque se hicieran realidad las proclamas del movimiento revolucionario de 1910.
Por estas circunstancias imperantes en el país los líderes políticos fijaron su atención en la labor progresista del gobernador de Michoacán, general Lázaro Cárdenas del Río, pues con su política de reformas sociales y de atención a los programas más prioritarios de las masas, se convirtió en un líder real de éstas; por lo tanto, este era un ejemplo el cual exigía se implantara en todo el país para dar respuesta a los reclamos de justicia social de los mexicanos.

En 1933, en la convención nacional del Partido Nacional Revolucionario, se aprobó el plan sexenal; todo como producto de la influencia de los grupos revolucionarios reformadores, ej ercida en el seno del instituto político de la Revolución. La idea era tener margen y aplicar los programas sociales de la Revo­ lución. En esta misma convención penerrista se aprobó la reforma constitucional del artículo tercero: la educación debería basarse en la doctrina socialista, sostenida por la revolución mexicana. El pronunciamiento se hizo realidad cuando arriba al poder el presidente Lázaro Cárdenas (a través del gran ideólogo, general Francisco J. Mújica).

El PNR otorga el poder al joven general Lázaro Cárdenas, y éste, comprometido con los grandes reclamos sociales recibidos de las grandes masas durante su intensa campaña política, inmediatamente hace reformas sociales (beneficiarán y transformarán la forma de vida de las mayorias). Para lograr esto se enfrentó a los seguidores del general Calles, los cuales se o ponían a tales reformas. Ello obligó al presidente Cárdenas a sacudirse, en 1935, el tutelaje del Jefe Máximo de la Revolución y sus principales allegados, quienes ocupaban lugares claves en su gabinete. Sin este estorbo procede inmediatamente a la realización de las grandes reformas exigidas por el pueblo a través de la lucha revolucionaria.

El conflicto Cárdenas-Calles se da cuando éste emite unas declaraciones reproducidas por Ezequiel Padilla. En ellas expone que la crisis económica provocada por las centrales obreras, se debe a la enorme cantidad de movimientos huelguísticos sucedidos en todo el país; también señalaba la formación de "alas izquierdas" en las cámaras, lo cual juzgó un desacierto peligroso. Además, denunciaba a estas posiciones ideológicas como contrarias al sustento doctrinario del PNR; esto conllevaría a radicalismos, también de derecha. Finalizaba: podría ser el comienzo de los excesos ideológicos y a ningún acierto podrían llegar. Con estos pronunciamientos, el general Calles caía en contradicciones confusas; mucho mal le hacían al proyecto cardenista.

En otra parte de su declaración arremete contra el movi­ miento obrero, en el cual la figura principal era el talentoso líder Vicente Lombardo Toledano, en donde lógicamente no inmis­ cuye a su tradicional aliada, la CROM. Responsabiliza a los t rabajadores como los culpables de la inestabilidad nacional, les adjudica ingratitud por las huelgas injustificadas que realizaron porque, decía, con esto se cenaban las fuentes de la prospe­ ridad, y con estas actitudes los menos dañados eran el capital y el Gobierno. Además, indicaba la labor del presidente Cárdenas se obstaculizaba y se perdía; se retrocedía en el avance social de la patria; dañaban al gobierno de la revolución el cual tenía al frente a un ciudadano honesto: el general Cárdenas.

Esta actitud de Calles encontró respuesta inmediata duran­ te la celebración del Consejo Nacional de la Confederación General de Obreros y Campesinos de México (CGOCM): se condenan las declaraciones de aquél emitidas recientemente; son una incitación al gobierno para iniciar una era de represión contra el proletariado de México, y una opción de los patrones para vulnerar los derechos laborales. Con esto se daría espacio para agravar los enfrentamientos sociales. Con esta actitud señalan así mismo, se es incongruente con lo manifestado por Calles: debería terminarse con estas situaciones de los trabaja­dores para evitar el agravamiento social, pues podía llegarse a una crisis de estabilidad. Con esta posición callista, más que contribuir a beneficiar la paz social, ésta se agravaría.
Esta postura de la CGOCM, de rechazo a la intromisión del llamado Jefe Máximo de la Revolución en asuntos de incumbencia únicamente del gobierno cardenista, recibe el apoyo inmediato de los principales sindicatos nacionales del proletariado. Un manifiesto ala nación declaraba a esa posición política como riesgosa para las escasas conquistas sociales y las limitadas garantías laborales, ya dadas a los trabajadores por las leyes del país. Esto era delicado porque podía llevar al país

al establecimiento de un régimen fascista. Seguirá luchando, termina ratificando esta organización proletaria, por la emanci­ pación del proletariado, comprometiéndose con el apoyo de todas las organizaciones de trabajadores cuando en un momento determinado, se vieran agredidas por los enemigos del trabajo. Los trabajadores mexicanos respondieron solidariamente con­ tra los ataques y las actitudes del general Calles. Este manifiesto lo firmaron destacados miembros, quienes posteriormente fue­ ron forj adores de la Confederación de Trabajadores de México, como Fernando Amilpa, Blas Chumacero Sánchez, Tomás Palomino (estaba detrás la figura de Vicente Lombardo Toleda no, después fundador y guía de la CTM).

El presidente Cárdenas no fue indiferente a estos sucesos. El 13 de junio de 1935, posterior a las declaraciones del general Calles (ponían en riesgo la estabilidad social), señala contundentemente jamás haber propiciado o auspiciado divisionismo o enfrentamientos entre los trabajadores; todo esto se derivaba de grupos o individuos actuando pervertidamente, por no haber alcanzado prebendas del poder. Manifestaba que esas facciones, desde su arribo ala Presidencia de la República, habían adoptado actitudes creadoras de dificultades para la buena marcha del gobierno cardenista.

En su trascendental mensaje a la nación, Cárdenas hace saber al proletariado, pese a los obstáculos dados, su resolución irreversible de dar cumplimiento al programa de la Revolución, Y a la firme aplicación de las leyes reguladoras del capital y trabajo; el plan sexenal, señalado por su partido, el Nacional Revolucionario, se cumpliría sin resistencias, sin importar la alarma o quejumbre de los capitalistas mexicanos. Además, indicaba, los patrones y trabajadores disfrutarían de toda clase de garantías y de libertad para las metas que se propusieran, de ninguna manera se permitirían excesos de unos ni de otros. Todos los trabajadores sabrían actuar con cordura y patriotismo, consideraba.

El 15 de junio del mismo año, los trabajadores de México, tanto campesinos como obreros, con el apoyo del gobierno de la Revolución, firman el pacto de solidaridad. Ahí se ratificaba la alianza obrero-campesina para defenderse de las agrupaciones del capitalismo las cuales amenazaban con echar atrás las conquistas obtenidas en el derecho laboral. Para tal objetivo se constituye el Comité Nacional de Defensa Proletaria; sostenían a la unidad proletaria como defensa contra cualquier ataque de tipo fascista, el cual pudiera poner en peligro la vida de las organizaciones de trabajadores, así como los derechos funda­ mentales de la clase trabajadora, tales derechos de huelga, libre asociación, expresión de pensamiento revolucionario y de manifestación pública, también se pronunciaban por evitar que el estado tolerara o fomentara la creación de agrupaciones obreras para enfrentarlas con los auténticos movimientos de defensa proletaria; en cualquiera de estos casos, reafirmaron, irían a la huelga general como instrumento de defensa. Por tanto, este momento es determinante para hacer surgir una agrupación aglutinadora de todos los trabajadores, unidos y en la defensa de sus intereses comunes; haría frente a los extremos de explotación producida por el capital. Esta idea se consolida más adelante con la creación de la Central de Trabajadores de México (CTM), bajo la guía de Vicente Lombardo Toledano.

Ante la respuesta recibida, el general Calles (como consecuencia de sus declaraciones y al haber encontrado fuertes críticas y señalamientos de condena) informa que el 16 de junio saldría al extranjero, hecho consumado no de acuerdo a su voluntad, sino presionado y obligado por el Gobierno para retirarse y dejar de intervenir en los asuntos políticos del país, pues ponía en riesgo la paz social y las libertades de los mexicanos.
Ya sin el estorbo de Calles, el general Cárdenas procede a la reorganización de su gobierno en todos sus aspectos. Uno le llamaba especialmente la atención: la transformación del Partido Nacional Revolucionario. Se cambiaría en un frente popular para en plena alianza con el estado, luchar por la reivindicación de las demandas populares. Todo fue resultado, afirman, de las impresiones vividas en la ciudad de Guadalajara, en julio de 1935, durante su convivencia con el gobernador Everardo Topete y los miembros del Frente de Estudiantes de Occidente (FESO).

El presidente Cárdenas quedó impresionado al ver en Jalisco la aplicación del artículo tercero constitucional. Se estaba llevando a la práctica con las tesis de la educación socialista. Esto había creado gran inquietud social, posteriormente afirmó:
Que en la entidad la crisis había desaparecido y por lo tanto se hacia imprescindible la alianza de los campesinos y los obreros, para en un solo núcleo, manifestaba poder exigir el cumplimiento de la ley en materia agraria, educativa y en cualquier otro aspecto contemplado en las normas jurídicas. Aquí Cárdenas se pronunciaba por la idea de avanzar en las reivindicacione s sociales del pueblo; si éste no estaba organizado y firmemente unido es imposible lograr objetivos, expresaba.
Durante su estancia en Jalisco agradece fervorosamente la actitud de los estudiantes del FESO por su apoyo en favor del cumplimiento del programa de la Revolución; el gobierno de la Revolución señala, debe contar con elementos de lucha en favor de las clases proletarias; hace un llamado a los gobernantes para hacerse rodear de gente sana y con vocación de servicio. Finalmente en su diálogo efusivo con los estudiantes jaliscienses, dice del Gobierno no haber esperado que la juventud fuera a él a plantearle sus demandas; reafirmaba: el estado invita a la juventud para, con su apoyo y acción de crítica, hacer cumplir el programa social de la Revolución. Sintió la necesidad de contar con el apoyo de la juventud y propició su organización a través de la Confederación de Jóvenes Mexicanos, dirigida por el tabasqueño Carlos Madrazo.

Cárdenas entendió, y fue consecuente con su programa social emanado auténticamente de la esencia de la Revolución social de 1910, sería imposible si no contaba con el apoyo de los trabajadores, como él lo había dicho. Ante los sucesos de tensión social vividos en esa época (como resultado de la s oberbia y de la indiferencia de la burguesía nacional, sobretodo de las compañías trasnacionales; tal fue el caso significativo de las petroleras), con gran inteligencia y sensibilidad política procede a la reforma del Partido Nacional Revolucionario, para transformarlo en el instrumento político en torno al cual se unificaran las masas trabajadoras y le otorgaran apoyo al programa de su gobierno. Así el 18 de noviembre de 1937, el presidente inesperadamente llega al domicilio del partido y lanza su manifiesto a la nación, en el cual se pronuncia porque el PNR responda mas eficazmente a los reclamos del momento histórico.
Expone a la militancia del país las causas del porqué se debería de transformar el Partido Nacional Revolucionario: alejamiento e incongruencia entre sus objetivos de fundación; la inconsecuencia entre la teoría y práctica; además, sufría un alejamiento de las masas al no haberlas tomado en consideración en sus decisiones más fundamentales. Era imprescindible rectificar para tranquilidad de las masas militantes en sus filas. Por ello se pronunciaba porque el PNR se transformara en un partido de trabajadores donde la opinión de las mayorías decidan y no la de las minorías encumbradas en la dirección del partido. El mismo partido, estando en el poder, marcaría rumbos a los gobernantes.

Se pronuncia porque en el partido militen los obreros y los campesinos, así como las mujeres a quienes dijo son sector trascendental e imprescindible, tanto para la vida del partido, como para la administración pública del Estado. Igual declaraba a los jóvenes como fuerza representativa y conciencia crítica de la realidad social y política; los soldados también deberían incorporarse en igualdad de condiciones ciudadanas y no como una casta especial. La concepción dada por Cárdenas a través de la alianza social, era la de un partido de masa y no de élites: la alternativa para las masas desposeídas, y así lograr su emancipación.

Atendiendo a ese llamado presidencial, el PNR se avoca inmediatamente a la celebración de una gran convención donde se diera como resultado el nacimiento del nuevo partido. Se discutió ampliamente sobre el nombre, denominándose al principio Partido de los Trabajadores y Soldados. La sesión previa fue presidida por el jalisciense Silvano Barba González, en ese tiempo dirigente nacional del PNR, lo acompañaron figuras como Esteban García de Alba, Agustín Arroyo, Antonio Villalobos y otros. En esa sesión Barba González solicitó autorización de la dirigencia nacional para convocar a una asamblea, cuyo objetivo era la reforma y transformación del PNR.
La celebración de dicha asamblea se programó para el 30 de marzo de 1938. En aquella época el país estaba viviendo la reciente expropiación petrolera; por lo tanto, se vivía un clima de tensión interna y de presiones externas. Fue sin duda un gran reto para el naciente partido, apoyar al presidente Cárdenas en esa acción reivindicadora de la soberanía nacional, el petróleo . La histórica asamblea se llevó a cabo en el Palacio de las Bellas Artes, con la participación mayoritaria de las masas tra bajadoras integradas por miembros de los sectores obrero, campesino, popular y militar. Fueron invitadas también por primera vez las agrupaciones políticas más poderosas como la Confederación de Trabajadores de México, la Confederación General de Trabajadores, el Sindicato de la Industria Minera y Metalúrgica de la República Mexicana, quienes con los delegados del partido tenían derecho a designar 96 delegados repartidos de manera proporcional.

Los priístas jaliscienses también se aprestaron a hacer los preparativos para su participación a la asamblea nacional del partido. Por ello el 6 de marzo de 1938, en las oficinas del PNR jalisciense, ubicadas en la calle Madero número 210, se convocó ala militancia para nombrara los delegados asistentes ala ciudad de México con el objetivo de participar en tal evento político; acompañarían al dirigente penerrista de la entidad, señor Florencio Topete; entre los delegados electos destacan el diputado Margarito Ramírez Miranda y la señora María A. Díaz, del Círculo Feminista de Occidente.

Cabe destacar la intensa labor de afiliación realizada en esa época por Florencio Topete, como dirigente penerrista en Jalisco, pues en ese entonces la dirección del partido hizo saber que contaba con 92,277 ciudadanos debidamente registrados en todo el estado de los cuales 18,605 pertenecían al municipio de Guadalajara. Fue también destacada la intensa actividad hecha en promoción de la cultura así como el trabajo intelectual de sus más destacados miembros. El deporte fue otra área fuertemente promovida. Su materialización, dijo el señor Topete, fue posible por todos los medios y con todos los recursos de publicidad y de industria que proporciona la ciencia moderna y ha procurado la orientación socialista de las masas populares dentro de la realidad mexicana.
En estas tesis la dirigencia del PNR dejaba manifiesta su compatibilidad y su capacidad para entrara la nueva era ala cual se adentraba el Instituto Político de la Revolución.
Es importante mencionar que el comité estatal del PNR contó con un diario llamado El Jalisciense y una radiodifusora antecedente de las hoy emisoras culturales del gobierno estado XEJB (funcionó en el inmueble del Teatro Degollado). Estos fueron grandes instrumentos de difusión y de publicidad de la doctrina revolucionaria del PNR.

Fue importante el análisis hecho por Partido Nacional Revolucionario en Jalisco, con respecto a la inminente incorporación de los militares como cuarto sector en las estructuras que se le darían al nuevo partido. Para esto el periódico vocero del partido, El Jalisciense, señaló que el Ejército Mexicano no tiene ninguna pretensión de hegemonía, ni espíritu de casta; tradicionalmente los sistemas democráticos repugnan la ingerencia de los militares en las cuestiones políticas, porque con el tiempo incuban dictaduras y surgen tentaciones de aspirar al poder, pues producen las más graves catástrofes sociales y políticas. pero advirtió, en México no sucederá eso, porque el Ejército Mexicano nació del pueblo y está aliado en sus luchas.

En esta reflexión, el periódico penerrista afirma que las funciones previstas a la Secretaría de Acción Social y Militar, tienen fines meramente educativos y de enlace entre el pueblo y el ejército, tenderán siempre a la exaltación de los valores patrios; a través de la acción partidista los militares lograrán mejores condiciones de vida. Por ello, el Ejército quedaba intacto en sus funciones adjudicadas desde la constitución del nuevo ejército, al triunfo de la Revolución; era, ante todo, de defensa de la soberanía y de los intereses del pueblo, los de su origen.

La fecha programada para la realización de la asamblea se cumplió tal y como se había programado. El 30 de marzo de 1938, a las 15:35 horas, el licenciado Silvano Barba González, a nombre del comité ejecutivo nacional del Partido Nacional Revolucionario, declaró legalmente constituido el Partido de la Revolución Mexicana. La novedad fue el surgimiento del sector militar: se une al obrero, campesino y popular, previa acción del pacto de solidaridad proletaria, acordado con el presidente Cárdenas, Estos cuatro pilares del partido se comprometían a no hacer campaña electoral sin la previa intervención y coordinación del PRM; esto último no limitaría o deslegitimaría la autonomía de las organizaciones pactantes.

Para la elaboración de sus documentos básicos, el nuevo partido integra comisiones: La de estatutos, a cargo del maestro Vicente Lombardo Toledano, Manuel Castellanos, Carlos Madrazo, Alfonso Corona del Rosal y José Refugio García . Para la coordinación de los debates de la asamblea se designó al propio licenciado Silvano Barba González, presidente, y al radical revolucionario Heriberto Jara, vicepresidente. Las discusiones fueron intensas, profundas, pues se cuestionaba un tipo de partido acorde con la nueva política cardenista de masas, y más cuando en esos momentos el Gobierno enfrentaba enemigos quienes abierta o simuladamente atacaban ferozmente al cardenismo: las reformas sociales ejecutadas dañaban los intereses de la vieja y nueva burguesía nacional; hasta conflictos se habían generado en el plano internacional.

Los debates llegaron a feliz término definiendo al partido, como un partido de trabajadores. Su lema fué: "Por una Democracia de Trabajadores". Abandona su viejo estilo de cuadros, por partido de masas, pues contaba con la alianza del proletariado nacional a través de los grandes sindicatos, funda­ mentalmente por la naciente Confederación de Trabajadores de México. Los campesinos en agosto del mismo año se agrupan a través de la iniciativa y liderazgo del profesor Graciano Sánchez. En esa misma época emergen las clases medias, cuya heterogeneidad se va agrupando a través de uniones, ligas y federaciones. El 28 de febrero de 1943, bajo la sabia dirección del general Antonio Nava Castillo, y del jalisciense profesor. Juan Gil Preciado, se constituye la Confederación Nacional de Organizaciones Populares, la cual cumple con su enorme misión de agrupar y dar espacio de lucha política a los sectores medios de la población. Asimismo, el gobierno cardenista siente la inaplazable necesidad de contar con el apoyo de los jóvenes para lo cual le encarga al inquieto líder de las juventudes tabasqueñas, Carlos Alberto Madrazo Becerra, la tarea de agrupar en un solo organismo a federaciones y frentes de Jóvenes estudiantes y trabajadores. Encuentra ese apoyo a través de la Confederación de Jóvenes Mexicanos; ideológicamente era para oponerse y detener el avance de la proclerical y fascista ACJM. Solamente se dejó una deuda; el no habérsele otorgado el derecho de voto y ser votadas, a las mujeres, no obstante petición planteada emergentemente por varios grupos de éstas.

Con la transformación del PNR en PRM el cardenismo cambia la maquinaria partidista, acorde con las circunstancias históricas. Es ya un partido transitando junto a los intereses de las grandes masas; es decir, se construyen las estructuras del nuevo partido en forma paralela a los reclamos planteados por el pueblo al general Cárdenas; éste le estaba dando respuesta con grandes reformas.
Al constituirse el Partido de la Revolución Mexicana, deja la dirigencia nacional el jalisciense Silvano Barba González; y arriba Luis I. Rodríguez, gobernador de Guanajuato, quien se desempeñaba, además, como hombre fuerte. Este primer comité perremista lo integran: secretario de acción obrera, Alfonso Sánchez Madariaga, de la CTM; secretario de acción agraria, León García, y secretario de acción cultural popular, el jalisciense licenciado Leopoldo Hernández Partida. Esta dirigencia se da a la tarea inmediata de consolidar el nuevo partido conforme a la estructura política corporativa creada por el gobierno cardenista.

En Jalisco se reúne el comité directivo estatal el 7 de may o de 1938, con la finalidad de integrar el comité regional del partido en forma provisional; designan presidente a Florencio Topete; secretario de acción agraria, Juan Cisneros; secretario de acción obrera, Juan I. Godínez; secretario de acción cultural y popular, Gabriel Amezcua. Dicho comité de inmediato se da a latareade hacer los preparativos de la campaña, a la gubernatura del estado, del licenciado Silvano Barba González, después de haber dejado éste la dirigencia nacional del PRM.

INTEGRACION DEL PARTIDO REVOLUCIONARIO
EN JALISCO
El Partido de la Revolución Mexicana había entrado a su etapa de consolidación con los beneficios que le daba la política de masas del cardenismo; en sí, había echado las raíces estructurales para gobernar el país durante las décadas por venir; pero, también, se enfrentaba a la sucesión presidencial más competida de los últimos tiempos, producto de una escisión del grupo gobernante; era una fuerte disputa el relevo.
La contienda se dio entre Juan Andrew Almazán y el candidato perremista Manuel Avila Camacho. Aunque hubo irregularidades, y algunos hechos de violencia durante el proce so electoral, el triunfo fue indiscutible para Avila Camacho quien con su política conciliatoria fortalecería las conquistas sociales de la Revolución Mexicana.

El estado se convierte en el impulsory rector del desarrollo productivo del país interviniendo en grandes renglones económicos, fundamentales para salvaguardar la soberanía nacional y reafirmar así el compromiso irrenunciable de promover la justicia social.
Políticamente el país va viviendo cambios y transformaciones determinantes. Así, el surgimiento de la primera oposición organizada, a través del Partido Acción Nacional, el cual nace el 16 de septiembre de 1939, en los altos del Banco de Londres y México, gracias al talentoso Manuel Gómez Morín. Esta incipiente organización política no adoptó un papel preponderante en la sucesión presidencial de 1939, aunque sí manifiesta sus simpatías hacia el candidato Almazán; pero, no tomó una acción protagónica, pues solamente se podía percibir que había nacido para oponerse a la política social y revolucionaria de Lázaro Cárdenas, no para arrebatar el dominio político de la nación al grupo en el poder.

La política de Avila Camacho, de tendencia más conservadora, toma posiciones muchas veces de repliegue; pero no de un franco retroceso frente a los reformadores cardenistas quienes ocupan lugares claves en la nueva administración; no obstante, muchas veces éstos tomaron posiciones de observancia y de sigilo llegándose al rompimiento; el líder cetemista Vicente Lombardo Toledano abandona su dirigencia y forma posteriormente lo que sería más adelante el Partido Popular Socialista, de orientación marxista leninista; no es de negar que era un momento sumamente dificil para la nación; el gobierno ávila camachista pretendía consolidar lo logrado, y no tratar de avanzar exponiendo riesgozamente lo conquistado.

Frente a incidentes que se presentaron aquella famosa reunión convocada por el gobernador sinaloense en febrero de 1942, a la cual citaba a los gobernantes de la región militar del Pacífico, comandada por el expresidente Cárdenas, donde el objetivo era coordinar los gobiernos estatales de la zona, con la política internacional del presidente Avila Camacho, los rumores fueron y vinieron: que asistiría o no, Cárdenas, sospechas provocadas principalmente por Maximino Avila Camacho, hombre fuerte de Puebla, llegando su discusión hasta la Cámara de Diputados.
A esta reunión asistieron los gobernadores Silvano Barba González, de Jalisco, y Félix Irieta, de Michoacán. Los demás mandatarios estatales enviaron representantes; en esa junta discutieron las implicaciones civiles de la Guerra Mundial; también se comentaron las alternativas para impulsar el proceso productivo del país; la discusión más agria se dio porque el gobernador jalisciense denunció que en Jalisco el clero católico efectuaba una campaña absurda (sobre la actitud que deberían asumir los creyentes con respecto a la hora internacional); y reiteró que no era admisible, porque se trataba de explotar el sentimiento religioso en favor de los países totalitarios.
Las interpretaciones y los juicios perversos no se hicieron esperar; hubo voces afirmando que esta junta de gobernadores trataba de romper con la política de unidad nacional del general Avila Camacho, provocaría el enfrentamiento entre la clerecía y el Estado.
El diputado por Jalisco, Juan Gil Preciado, salió en defensa del gobernador Barba González, el 25 de febrero de 1942: expuso que mucho de lo atribuído al gobernador de Jalisco, era falso; que en sus declaraciones no atacaba a los católicos mexicanos, únicamente se condenaba la agitación irresponsable de un determinado sector del clero.

El presidente Avila Camacho superó el posible enfrentamiento entre los reformistas cardenistas y su grupo; su gobierno era de transición hacia las instituciones y de consolidación de lo logrado. Eso permitió dar al país el cauce para el fortalecimiento de las instituciones nacionales.
El país se adentraba en un período de desarrollo y paz social. Y así como en lo económico vivía grandes cambios, en lo político se exigía lo mismo; en el partido de la Revolución mexicana se abre un nuevo espacio para la participación de las emergentes clases medias (iban apareciendo e incorporándose en los procesos evolutivos del México moderno). Entendiendo esto el presidente Avila Camacho auspicia la creación de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares, cuya fundación se da en la ciudad de Guadalajara por ser el lugar más adepto a su política. Toca la tarea de su formación al jalisciense Juan Gil Preciado y al general Antonio Nava Castillo, con es nuevo horizonte dado a los diferentes grupos los cuales no siendo campesinos u obreros demandaban oportunidades políticas que vinieran a darle consistencia a la política de unidad nacional, practicada por el gobierno ávila-camachista.
Consecuencia de estas transformaciones políticas: (se declara desaparecido el sector militar de la estructura del PRM (se considera a los militares con los mismos derechos y obligaciones de cualquier ciudadano). Su tránsito político por el partido, se haría a través de la naciente CNOP, cuando éstos no estuvieran en ejercicio activo de la milicia; mientras tanto, su función era salvaguardar las instituciones de la Patria.

En la convención nacional del PRM (donde se declaró candidato a la Presidencia de la República), Miguel Alemán Valdez delineó los rumbos que tomaría el gobierno en su programa político; además, se pronunciaría por la fraternidad y la unidad nacional; proclamó que el pueblo sería libre de miseria y de antagonismos, y se deberían desechar pasiones tendientes adebilitar la nacionalidad mexicana.
Con estos acontecimientos políticos y cuando el país había superado muchas divergencias y contradicciones, se daba paso al nacimiento del Partido Revolucionario Institucional; legitimándose este proceso en la convención celebrada el 18 de enero de 1946. Antonio I. Villalobos declaró el final del Partido de la Revolución Mexicana y cedió el mando al General Rodolfo Sánchez Taboada, quien propicia la participación de un sinnúmero de jóvenes que con inquietudes políticas se acerca al partido y posteriormente tomarían los mandos de la nación; el lema del naciente partido es "Democracia y Justicia Social", valores mantenidos con firmeza porque su base social se cimenta sobre las grandes masas de campesinos, obreros y clases medias.

En su contenido doctrinario el nuevo partido toma posiciones más moderadas y de menos radicalismo ideológico; se aleja un tanto de la lucha de clases como vía para encontrar la transformación social (metas como la creación de una democracia de trabajadores ya no es substancial). Se habla ahora de una sociedad fraterna y justa donde el colaboracionismo sea el sustento para resolver conflictos sociales; pronunciar el crecimiento económico. La concepción de la riqueza se entiende dentro del marco capitalista, con economía mixta para beneficiar a todas las clases sociales.

El 21 de enero, concluidos los trabajos de la Convención Nacional, los delegados jaliscienses, desde la ciudad de México, lanzaron un manifiesto donde apoyaban decididamente la candidatura de Alemán Valdez, para así poner término a la serie de rumores y dudas que se habían venido dando.

Las organizaciones pronunciadas conformaban el Comité Estatal Alemanista de Jalisco, encabezado por el diputado Jesús Landeros, así como Alfonso G. Ceballos y Luis Pérez Rulfo. Las principales integrantes eran: La Liga de Comunidades Agrarias presidida por el diputado José Ramírez Muñoz; la Federación de Organizaciones Populares de Jalisco, lidereada por el coronel Francisco Arana Hernández; la Federación de Trabajadores de Jalisco. La decisión fue dada por José Ma. Martínez, de la Federación Regional, Obrera y Campesina de Guadalajara; el apoyo lo da Marcos Montero Ruiz; muchas otras organizaciones firman el pacto de apoyo al candidato Miguel Alemán Valdez; a éstos se suman todos los delegados participantes de los sectores obrero, campesino y popular, las mujeres y los jóvenes.
La forma como se dio el cambio (PRM a PRI), sin haber encontrado fuertes polémicas u oposiciones, denotaba el nuevo estilo para las decisiones en el seno del partido; además, era una muestra fehaciente de cómo el presidencialismo mexicano hacía uso de su poder para determinar los cambios. En el nuevo partido hay más madurez en sus estructuras y en sus cuadros al dársele término a las pugnas y enfrentamientos estériles que en el pasado lo habían desgastado; esto viene a propiciar mayor cohesión y unidad en sus programas y metas.

La disciplina vertical y el institucionalismo de sus miembros hace existir una nueva óptica sobre la concepción de los grandes problemas nacionales y su forma de solucionarlos; ello le dio al partido el gran período de estabilidad hasta 1988, cuando se da el desprendimiento (la salida de la corriente democrática provoca gran competencia política para la sucesión presidencial de ese año).

GRAN PARIDO REVOLUCIONARIO EN JALISCO

En marzo de 1927 se llevó a cabo una convención promovida por la Confederación de Partidos Revolucionarios de Jalisco ex-zunista y los integrados a la Alianza Socialista de Occidente de filiación ex-romista, con el objetivo de enfrentar unidos las actitudes reaccionarias del clero e impulsar el obregonismo en la entidad. Para ello, se conformó una comisión organizadora integrada por Margarito Ramírez, Enrique Díaz de León, Ramón Córdova y Guadalupe Covarrubias: los trabajos se iniciaron el 19 de marzo y en ellos pactó la creación de una única organización política denominada Gran Partido Revolucionario de Jalisco. Su primera directiva estuvo integrada por Margarito Camacho, como presidente; Enrique Cuervo. como vicepresidente: como secretarios. Manuel Hernández y Hernández y Rodrigo Camacho: pro secretarios. J. Manuel Chávez y Victoriano Salado Álvarez; tesorero, J. Guadalupe Covarrubias: subtesorero. Franciso Vidrio Pérez: y vocales. Francisco Labastida Izquierdo. Enrique Díaz de León. Ramón Córdova y J. Jesús Cuéllar. El 21 de abril, el legislador Margarito Ramírez al tomar posesión de la gubematura del estado, asumió el control del partido y fue nombrado su jefe nato. El 18 de octubre se escindieron varias organizaciones ex-romistas como los partidos Laborista Jalisciense el Socialista Revolucionario para constituir, de nuevo, la Federación de Partidos Socialistas de Occidente.

En diciembre, dieciocho partidos, que integraban el Bloque izquierdista del GPRJ, también decidieron separarse para formar la Confederación Renovadora, con lo que buscaban moralizar y renovar la política local. El 1 de febrero de 1928, el GPRJ celebró un convención para reorganizar su mesa directiva y fortalecer su estructura interna. Con la asistencia de 206 delegaciones de partidos y agrupaciones, se acordó otorgar 5 facultades mas al comité directivo y disminuir la autonomía de los partidos integrantes. así como el pago de cuotas de los candidatos al partido. El 27 de febrero de 1929, partieron a la ciudad de Querétaro 119 delegados del GPRJ a la convención constitutiva del Partido Nacional Revolucionario PNR con el compromiso de apoyar al obregonista Aarón Sáenz como candidato a la presidencia de la república; cuando surgió la candidatura de Pascual Ortiz Rubio, la delegación amenazó con abandonar la convención. pero el estallido de la rebelión escobarista, el 3 de marzo. les hizo aceptarla candidatura de Ortiz Rubio. El 14 de mayo el GPRJ se asimiló formalmente al PNR. Así las cosas, se encargó de la campaña presidencial, modificó su organización interna y, con ello, creó un nuevo comité directivo integrado, en su mayoría, por diputados locales, eligieron como su presidente a José Rodrigo Camacho; vicepresidente, Esteban García de Alba; secretarios, Manuel Hernández y Hernández y Napoleón Orozco.o, José V. Gómez Cuervo.
 
Calzada del Campesino, No. 222 Col. Moderna, C.P. 44190, Tel. (01 33) 33 45 5600, Guadalajara Jal.